Game Over

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Se les acabó la fiesta a los morenistas. La semana pasada arrancó el proceso electoral local 2023-2024 y el Instituto Electoral del Estado (IEE) no tuvo más remedio que despertar de su letargo: emitió una serie de lineamientos para “ordenar de inmediato el retiro de espectaculares que promueven a aspirantes a cargos públicos así como sancionar actos anticipados de campaña”.

Incluso la controvertida Beatriz Manrique Guevara se declaró lista para reforzar la cruzada del organismo electoral. La semana pasada la titular de la Secretaría de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial aseguró que hasta el momento han bajado más de 150 estructuras; no obstante, confirmó que más de un cretino está jugando “a la vencidas”, pues por aquí desmantelan un espectacular, aparecen otros tres en diversos sitios.

¿Cuánto se habrán gastado Julio Huerta, Alejandro Armenta e Ignacio Mier en su aventura publicitaria, por no hablar del resto de las ‘corcholatas’ con menos solvencia? ¿Quién de ellos transparentó sus gastos anticipados de precampaña? ¿Cuál fue el presupuesto límite con el que contaron para posicionar su nombre a través de diferentes argucias, como las encuestas telefónicas que este fin de semana siguieron hostigando a los poblanos? Quizá nunca lo sabremos.

No obstante, aquello que sí tenemos claro es un hecho poco común para un partido que se dice “de izquierda”: durante los últimos seis meses las ‘corcholatas’ en Puebla apostaron por el anuncio fifí, conservador y neoliberal; precio que bien valió la pena pagar, sobre todo cuando ya no tienen la sombra de Andrés Manuel López Obrador en la boleta y necesitan que “el pueblo bueno y sabio” diga que “ellos son la respuesta” en la encuesta.

¿Qué pasara con los espectaculares de los perdedores, cuando Mario Delgado anuncie este viernes el nombre del coordinador —o coordinadora, si es que ocurre algo inesperado— de los Comités Estatales de Defensa de la 4T? ¿Permanecerán como testigos incómodos de la opacidad y el dispendio electoral? O por el contrario, en caso de escapárseles de las manos la candidatura a la gubernatura, ¿quedarán, junto con las figuras que enarbolan, como la prueba contundente de su disciplina partidista?

Como quiera que sea, Mario Delgado ya hizo sonar el silbato: el juego se ha acabado. Lo que hagan los susodichos del pasado 5 de noviembre en adelante serán lo que hasta ahora ha sido: actos anticipados de campaña. Y, sin embargo, no es la estructura de la legalidad lo que les quita el sueño a los morenistas, sino una duda bien fundada: con los municipios de la Zona Metropolitana bajo el control de la oposición, ¿acaso no estarán compitiendo por el segundo lugar en la boleta electoral?

Ya veremos, dijo el ciego.

Por Enrique Huerta