“Árbol de la Esperanza” visibiliza a desaparecidos en Puebla

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Familiares claman apoyo del Gobierno y Fiscalía para hallar a sus seres queridos. / Foto: Especial.

A diferencia de otras familias que colocan adornos navideños, las integrantes del Colectivo “Voz de los Desaparecidos en Puebla” adornan frente al Palacio Municipal con fotografías de sus seres queridos al que han llamado “Árbol de la Esperanza” con el deseo de que alguien les deje una pista anónima sobre su paradero.

Cada año, familiares de personas desaparecidas colocan los rostros de las personas que buscan, pero en esta ocasión, las madres buscadoras también tapizaron su cuerpo con las fichas de búsqueda de las decenas de personas víctimas de desaparición en el estado, para sensibilizar a la ciudadanía sobre esta problemática.

Para estas familias, como la de Leticia Rojas García y María Fernanda Morales, que buscan a Marcos Alejandro Morales Rojas, de 29 años de edad, quien desapareció hace año y medio en Córdoba, Veracruz, no hay celebraciones.

“Para nosotros ya no hay navidades, ya no hay Años Nuevos, no pedimos nada, simplemente la ayuda del gobierno, que nos ayude, que nos apoye, que la Fiscalía nos tome en cuenta y que no nos sigan ignorando; para nosotros ya no hay más fechas festivas porque a nadie le deseo perder a un hijo”, expresa Leticia.

Para la familia de Alicia Escobedo, madre de Raúl López Escobedo, desaparecido hace casi tres años, esta será la tercera vez que pasen Navidad y Año Nuevo sin su hijo.

“Hoy las madres buscadoras, lejos de estar planeando un árbol de Navidad, estamos aquí buscando a nuestros hijos por medio de un performance para hacer visibles a nuestros desaparecidos y a través de esto la gente se sensibilice y nos ayude a encontrarlos”, dice Alicia, con una sombrilla con tiras de la ficha de búsqueda de su hijo.

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Minerva González compartió que encontró a su hijo después de siete años de búsqueda en el Servicio Médico Forense, después de que casi a diario durante este periodo iba a preguntar al personal si lo habían hallado, pero le decían que no.

Insistió en varias ocasiones, hasta que alguien accedió a mostrarle las fotografías, y ahí, entre decenas de cuerpos que permanecen como un número en lugar de nombre, pudo saber que era su hijo José Martín Jiménez González.

Cuando reclamó que podría ser su hijo, el personal del Semefo le dijo que les hubiera dicho antes, que nunca llevó fotografías de José Martín, cuando ella clamaba por cualquier información en cárceles, anfiteatros y en la calle con la ficha de búsqueda de él.

Le hicieron los exámenes, comprobaron que era su hijo y luego le dijeron que debía pagar entre 3 mil y 4 mil pesos, porque era el “tiempo que había estado y generado piso”.

Aprovechó la mesa de diálogo con el gobernador Alejandro Armenta y con la fiscal Idamis Pastor; ahí denunció el cobro que le querían hacer y, en menos de tres días, le devolvieron los restos de su hijo, los que pudo sepultar en Amozoc.

Ahora, a pesar de su avanzada edad, su estado de salud y de haber encontrado a su hijo, “Minita”, como la llaman, promete buscar y acompañar a otras madres para que encuentren a sus seres queridos.

Editor: César A. García

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