“Un equipo de fútbol son relaciones públicas. Al final, es una persona que decide y hay 26 que quieren jugar. Todos tienen su propia marca”. Bajo esta premisa, el Dr. Julián Sanmartín Navarro, profesor investigador de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), desglosó desde su perspectiva los factores de comunicación y negocio detrás del retorno de Neymar a la convocatoria de la selección de Brasil para el campeonato mundial de 2026.
El académico, cuyo perfil curricular incluye la dirección de comunicación en el Fútbol Club Barcelona en 2008 y en el Elche C. F. durante la temporada 2005-2006, analizó las condiciones impuestas al futbolista del Santos. La pérdida de la capitanía, la aceptación explícita de la suplencia, el cumplimiento de normativas de comportamiento y la restricción de su exposición digital constituyen, según el especialista, una estrategia de relaciones públicas orientada a la contención de crisis y la reingeniería de imagen.
Desde la perspectiva de la comunicación de crisis, la presencia de Neymar funciona como un pararrayos mediático para el resto de los integrantes de la Verdeamarela. La presencia del jugador absorbe la atención de los medios y patrocinadores, lo que permite disminuir las demandas del entorno sobre figuras más jóvenes de la plantilla, como Vinícius Júnior o Raphinha, para que puedan enfocarse en su desempeño deportivo. El Dr. Sanmartín asimila esta función con la dinámica de un grupo en el aula: “Sería como el alumno que me levanta la clase. Cuando hay ciertos elementos de discordia, es él el que frena, el que maneja el grupo internamente”.
Respecto al diseño de la comunicación de imagen, el doctor expuso que la estrategia para el retorno del futbolista debería enfocarse en difundir imágenes y videos enfocados en la colaboración y el soporte. El especialista detalló que el manejo de las tomas debe ser supervisado para mostrar al jugador como un integrante más del conjunto, omitiendo elementos de personalismo previos como el uso de su icónica cresta en el cabello. La directriz de relaciones públicas implicaría generar materiales donde Neymar aparezca con los futbolistas jóvenes de la plantilla bajo un rol de instructor, una pauta que el profesor menciona que incluso podría estar establecida en su contrato:
“Todas las imágenes tienen que ser de Neymar ayudando (…) Yo sacaría a Neymar con jugadores muy jóvenes, en imágenes donde Neymar estuviera claramente, digamos, siendo el mentor de esos jugadores”, puntualizó el investigador de la UDLAP.
En materia económica, el análisis del investigador detalla que las cuentas personales en plataformas digitales de este tipo de jugadores movilizan un volumen de interacción que supera a los canales oficiales de las selecciones de fútbol. Esto se traduce en un incremento del valor comercial en rubros como el merchandising, la cantidad de camisas que se venderá con el número de Neymar (las cuales todavía no se sabe si llevarán el 10 o el 11) y la comercialización de boletos operada por la FIFA. El fenómeno se manifiesta incluso en productos como los cromos de actualización de Panini, donde la inclusión del jugador impactará en el mercado de coleccionistas.
Finalmente, el esquema de transmisión televisiva y la comercialización de accesos por parte de la FIFA reafirman que la decisión posee un fundamento económico con un valor igual o mayor a la aportación deportiva de la leyenda brasileña. El profesor de la UDLAP concluyó que el valor de la marca de un futbolista como Neymar garantizará la atención en las pantallas mediante el seguimiento de una cámara fija durante los partidos con un alto valor comercial, independientemente de los minutos de juego que reciba en la cancha; consolidando el principio de que en el fútbol contemporáneo la rentabilidad financiera mantiene un peso determinante frente a los criterios de selección deportiva.






