El Centro de Apoyo Emocional y Terapia Ocupacional (CAETO) de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) proporciona un manejo integral a los perros que participan en sus terapias, de los cuales el 75 por ciento fueron rescatados de situaciones de calle o maltrato.
Héctor Moisés Álvarez Peral, coordinador del CAETO, explicó que el centro es una iniciativa de la rectora Lilia Cedillo. “Se buscó crear un espacio para que nuestros estudiantes con matrícula vigente pudieran venir a trabajar el aspecto emocional, distraerse en los temas físicos, cognitivos, relacionales y emocionales”, señaló.
Álvarez Peral detalló que la mayoría de los caninos provienen de situaciones difíciles: “El setenta y cinco por ciento de los perritos estaban en problemas de maltrato o abandonados”. Actualmente, el centro cuenta con veintidós coterapeutas de tiempo completo y llega a treinta y cuatro con perros que acuden por turnos. “Ellos tienen sus dueños”, aclaró el coordinador.
La operación del centro se rige por un estricto protocolo de bienestar animal. “Tenemos la responsabilidad de tener un manejo integral que permita desarrollar las cinco libertades de los animales y que, además, no estén en ningún momento entrando en un tema de maltrato animal”, afirmó. Esto implica cuidar su alimentación, salud y respetar sus límites de trabajo. “Ellos deben de disfrutar estar con nosotros […] siempre vigilando que ellos vayan en cada una de las sesiones con alegría y con gusto por hacerlas”, explicó.
La rutina diaria inicia a las seis y media de la mañana, cuando los perros son llevados a un área de convivencia con tierra para recreo, momento que se aprovecha para la limpieza de sus espacios. Se monitorea constantemente su condición física.
“Buscamos que tengan un buen estado físico, que se les vea la cintura, que no se les noten los huesos, que se les noten las costillas sin que se les vean, que es el estado físico correcto”, describió Álvarez Peral.
El cuidado médico es exhaustivo. Los animales tienen un calendario de salud que incluye vacunación y desparasitación. “Una vez al año se le toma una placa radiográfica, una vez al año se les hacen estudios de sangre, tanto química sanguínea como hemograma, se les desparasita cuatro veces al año”.
Además, se respetan sus horarios de descanso y tienen acceso al área de recreo antes de dormir. Su alimentación se basa en “un alimento que esté hecho de carne o de harina de carne”, complementado con un suplemento vitamínico.
El cuidado físico es minucioso: “se revisan dos veces por semana, desde la punta de la nariz hasta la punta de la cola, para que estén en buenas condiciones físicas. Cuando hace mucho calor, cada que regresan, se les revisan sus cojinetes”. Cada jaula está protegida de las inclemencias del tiempo y cuenta con una casita para resguardarlos del frío.






