La reelección que viene

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«¡Claro que tengo padre!, sostenía la adorada mano.
Si no, ¿cómo estaría yo aquí?»
La Jornada, 9 de abril de 2024

Xóchitl Gálvez ganó de calle el segundo debate presidencial. ¿Será suficiente esta pequeña victoria para remover conciencias y remontar 28.3 puntos, según Mitofsky, a escasos 32 días de una elección que definirá el rumbo de México durante los próximos seis años? Cualquier cosa que pase el domingo 2 de junio ya está decidido, pues los mexicanos hemos tenido todo un sexenio para vivir en carne propia las bondades y tormentos de la 4T.

Y, sin embargo, no estoy seguro de que cada ciudadano sea plenamente consciente de las implicaciones de su voto. El dilema electoral del 2024 no está entre la dictadura o la democracia, como histriónicamente algunos aseguran; sino entre la reelección de López Obrador a través de la persona de Claudia Sheinbaum, en una suerte de maximato de nueva generación; y la alternancia opositora representada por el triunfo de Xóchitl Gálvez.

Dos días después del primer debate presidencial AMLO se quejó amargamente de que no fue defendido por su candidata de las acusaciones, pero sobre todo de las preguntas de los moderadores que evidenciaron los múltiples fracasos de su gobierno. Como consecuencia Sheinbaum prometió enmendar la plana, y este domingo cumplió con su palabra, aunque eso le haya costado perder el debate.

La obediencia ciega de la morenista resulta preocupante pues nos lleva a pensar que Andrés Manuel seguirán gobernando durante los próximos seis años a través de una prestanombres. ¿Será Sheinbaum una presidenta manipulable, sin capital político propio, dependiente de la popularidad de López Obrador en enjuagues de “retiro” aparente? Es un enigma.

Por ahora lo único que sabemos es que la patética sumisión de Sheinbaum resulta ser la principal garantía de continuidad de la 4T. De ganar en las urnas no habrá investigaciones para el clan familiar del presidente, tampoco castigo para la red de corruptelas de este y los sexenios anteriores; Pemex seguirá siendo el desvío multimillonario de fondos de unos cuántos, muchos de ellos pertenecientes a los altos mandos del pueblo uniformado; mientras que la inseguridad, a través de “la política de los abrazos”, persistirá batiendo récords y debilitando el estado de Derecho; por no hablar de la continuidad de la austeridad republicana que no es más que un recorte al gasto programable que sonrojaría a la mismísima Margaret Thatcher.

Pero si todo eso es cierto, ¿por qué el 41.2 por ciento del electorado –según Massive Caller– está firmemente convencido de votar por Sheinbaum? Quizá porque son cómplices de la decadencia nacional, ya sea por el beneficio de los programas sociales o debido a su pertenencia a redes delincuenciales que han prosperado gracias a la omisión en materia de seguridad de la 4T, o simplemente por el orgullo de su fanatismo que, lejos de ser delito, constituye un grave síntoma de precarización educativa y falta de empatía.

Ahora sabiendo lo que sabe, ¿usted va a permitir la reelección de López Obrador por interpósita persona o, en su defecto, pretende mandar a la 4T al basurero de la historia?