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martes, abril 14, 2026
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¿Estrés o distrés? Así aumenta el riesgo de enfermedades

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Estrés crónico debilita defensas y aumenta riesgo de enfermedades. / Foto: Envato Elements

El estrés no siempre es malo, según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que distingue y lo divide entre el eustrés, que motiva y mejora el rendimiento, y el distrés, una forma negativa y agobiante que supera la capacidad de adaptación de la persona.

Este último, explicó la doctora Eunice Itzel Valle Arteaga, directora del Hospital de Psiquiatría “Morelos”, puede provocar malestar físico, emocional y afectar el funcionamiento cotidiano.

Entre las señales de alerta temprana mencionó: agobio constante, irritabilidad, ansiedad, nerviosismo, dificultad para relajarse, inquietud, sensación de desesperanza, tristeza persistente, cansancio sin causa aparente y problemas de concentración. En niños y adolescentes, la irritabilidad suele ser el indicador más claro.

Del cansancio al dolor físico

Cuando el organismo se mantiene en estado de alerta permanente, el estrés puede manifestarse con dolores de cabeza, tensión muscular, problemas digestivos, insomnio y fatiga.

A largo plazo, advirtió la especialista, debilita las defensas y aumenta el riesgo de enfermedades; factores como cambios vitales, pérdidas, conflictos familiares, exigencias laborales o escolares, problemas económicos o de salud intensifican la carga emocional.

Autocuidado y cuándo pedir ayuda

La doctora Valle propuso tres hábitos básicos para manejar el estrés: dormir de 7 a 8 horas sin pantallas antes de acostarse, mantener una alimentación balanceada y hacer ejercicio regular. También recomendó establecer rutinas que permitan expresar emociones, identificar factores de estrés y construir redes de apoyo.

Si el malestar persiste, el IMSS ofrece orientación telefónica en salud mental a través del número 800-222-668, opción 4. La especialista enfatizó que la familia suele ser la primera en notar cambios de ánimo, aislamiento o alteraciones en hábitos.

Señales para acudir a consulta: alteraciones funcionales, problemas de sueño o alimentación, pérdida de la capacidad de disfrute, aislamiento progresivo, irritabilidad intensa, bajo rendimiento escolar o laboral, conflictos interpersonales o síntomas físicos sin control. “Mientras más sanos y fuertes estemos, mejor podremos superar las crisis”, concluyó la doctora Valle.

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