El estrés no siempre es malo, según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que distingue y lo divide entre el eustrés, que motiva y mejora el rendimiento, y el distrés, una forma negativa y agobiante que supera la capacidad de adaptación de la persona.
Este último, explicó la doctora Eunice Itzel Valle Arteaga, directora del Hospital de Psiquiatría “Morelos”, puede provocar malestar físico, emocional y afectar el funcionamiento cotidiano.
Entre las señales de alerta temprana mencionó: agobio constante, irritabilidad, ansiedad, nerviosismo, dificultad para relajarse, inquietud, sensación de desesperanza, tristeza persistente, cansancio sin causa aparente y problemas de concentración. En niños y adolescentes, la irritabilidad suele ser el indicador más claro.
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— IMSS (@Tu_IMSS) April 6, 2026
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Del cansancio al dolor físico
Cuando el organismo se mantiene en estado de alerta permanente, el estrés puede manifestarse con dolores de cabeza, tensión muscular, problemas digestivos, insomnio y fatiga.
A largo plazo, advirtió la especialista, debilita las defensas y aumenta el riesgo de enfermedades; factores como cambios vitales, pérdidas, conflictos familiares, exigencias laborales o escolares, problemas económicos o de salud intensifican la carga emocional.
Autocuidado y cuándo pedir ayuda
La doctora Valle propuso tres hábitos básicos para manejar el estrés: dormir de 7 a 8 horas sin pantallas antes de acostarse, mantener una alimentación balanceada y hacer ejercicio regular. También recomendó establecer rutinas que permitan expresar emociones, identificar factores de estrés y construir redes de apoyo.
Si el malestar persiste, el IMSS ofrece orientación telefónica en salud mental a través del número 800-222-668, opción 4. La especialista enfatizó que la familia suele ser la primera en notar cambios de ánimo, aislamiento o alteraciones en hábitos.
Señales para acudir a consulta: alteraciones funcionales, problemas de sueño o alimentación, pérdida de la capacidad de disfrute, aislamiento progresivo, irritabilidad intensa, bajo rendimiento escolar o laboral, conflictos interpersonales o síntomas físicos sin control. “Mientras más sanos y fuertes estemos, mejor podremos superar las crisis”, concluyó la doctora Valle.






