La caída de López Obrador

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Los presidentes en México siempre han sido populares. No obstante, López Obrador merece mención aparte por el simple hecho de que a pesar del desastre que ha implicado su sexenio, y siguiendo los datos de ‘Consulta Mitofsky’, aún mantiene el 54.4 por ciento de aprobación con corte a marzo pasado. Una cifra descomunal que en perspectiva comparada representa una caída de ocho puntos con respecto al mismo mes, pero del año pasado.

Desde luego no existe una explicación racional para que el Jefe del Ejecutivo alcance una aprobación tan alta considerando que la inflación, a diferencia de nuestro principal socio comercial, ha sido incapaz de contraerse en México: sosteniendo una racha a la alza que la ha situado en 4.42 por ciento durante abril de 2024.

Y, sin embargo, el 54.4 por ciento de aprobación presidencial me resulta demencial si recordamos que existe un desabasto generalizado de medicamentos, que no sólo ha precarizado la salud de los sectores más necesitados, sino reducido la esperanza de vida de millones de mexicanos: en ese rubro el país retrocedió de 75 a 71 años, una década perdida por debajo del promedio de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

¿Acaso los electores hemos perdido la razón en México? La cantidad de aplausos a favor de López Obrador también resulta inverosímil debido a que la bandera del sexenio, “purificar la vida pública de México”, ha resultado una fantasía en un país de sinvergüenzas: este sexenio parió el mayor escándalo de corrupción de nuestra historia, sólo superable por el Fobaproa, pues la mafia detrás de Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex) le costó a los contribuyentes más de 15 mil millones de pesos; cerca de la mitad de la riqueza privada que pretenden expropiar con el mentado Fondo de Pensiones para el Bienestar.

Entonces, ¿por qué López Obrador es tan popular? La simple pregunta echa por tierra la existencia del votante racional en México y, desde mi punto de vista, sólo la antropología social puede responderla. No es obra de la casualidad que la candidata oficialista, cual sanguijuela sobre el cuerpo vivo del soberano, se enquiste en la popularidad de AMLO para obtener el fervor del pueblo.

¿Le bastará a Claudia Sheinbaum el capital político de López Obrador para llegar a Palacio Nacional? Pareciera que sí. Según Mitofsky la preferencia electoral efectiva de la morenista es casi supletoria a los aplausos que acumula el inquilino de palacio: 58.8 por ciento, manteniendo una ventaja de 28.3 puntos sobre Xóchitl Gálvez.

No olvidemos que Mitofsky y la mayoría de las encuestas que le dan una ventaja superior a los dos dígitos a la candidata del oficialismo, se han equivocado descomunalmente en el pasado; aún recuerdo la distancia de más de 10 puntos que Roy Campos le vaticinaba en Puebla a Javier López Zavala en 2010. Lo curioso está en que ‘México Elige’, una casa encuestadora cercana a la candidata opositora, no está muy lejos la cifra de Mitofski: 52.4 por ciento para la candidata de Morena que se traduce en una ventaja de 11.3 puntos.

La distancia ya es irreversible a estas alturas del partido. ¿Acudiremos entonces a las exequias del votante racional en México el próximo 2 de junio? Podría usted apostarlo.