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lunes, mayo 18, 2026
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Cambia de nombre el Síndrome de Ovario Poliquístico

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Se conocerá como Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino. / Foto: Envato Elements.

Un consenso internacional publicado en The Lancet acordó modificar la denominación del síndrome de ovario poliquístico (SOP), que a partir de 2026 pasará a llamarse síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP).

El cambio, resultado de un amplio proceso global de consulta con especialistas, organizaciones médicas y pacientes, busca corregir una concepción que durante décadas redujo este trastorno a un problema exclusivo de los ovarios. El nuevo nombre refleja su naturaleza multisistémica: “poliendocrino” alude a la participación de distintos sistemas hormonales, “metabólico” reconoce su relación con resistencia a la insulina y otros riesgos cardiometabólicos, y “ovárico” conserva la referencia a la disfunción ovárica sin presentarla como el único elemento definitorio.

El síndrome afecta aproximadamente a una de cada ocho mujeres; entre sus manifestaciones se encuentran menstruaciones irregulares, alteraciones ovulatorias, infertilidad, acné, exceso de vello corporal, obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, hipertensión, hígado graso, ansiedad y depresión.

Las estructuras observadas en estudios de imagen que antes se denominaban “quistes” no corresponden necesariamente a quistes patológicos, sino a folículos ováricos en desarrollo, y no todas las pacientes presentan esta morfología ovárica, lo que podía generar confusión clínica.

Afecta salud mental de mujeres

Durante el seminario “Síndrome de ovario poliquístico en México: de la adolescencia a la vida adulta”, Susana Lozano Esparza, coinvestigadora del Estudio de la Salud de las Maestras (ESMaestras) del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), explicó que el trastorno endocrino más común en mujeres en edad reproductiva representa un importante problema de salud pública debido a su asociación con enfermedades metabólicas, cardiovasculares y su impacto económico.

La investigadora señaló que las mujeres con este diagnóstico presentan mayores niveles de depresión, ansiedad y menor calidad de vida, derivado de la relación entre los síntomas físicos y las normas sociales sobre la feminidad.

El estudio encontró que las mujeres con peso persistentemente alto o con aumento de peso desde edades tempranas presentaron mayor riesgo de desarrollar el síndrome.

Una dieta rica en frutas y vegetales mostró una tendencia hacia menor riesgo, mientras que el patrón denominado “lácteos y tradicional” (tortilla, maíz, frijoles y lácteos) se asoció con un mayor riesgo, aunque este hallazgo requiere mayor investigación.

En cuanto a las experiencias de las mujeres mexicanas, el estudio reportó angustia emocional relacionada con síntomas visibles como aumento de peso y vello corporal, así como preocupaciones sobre fertilidad e identidad femenina.

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