Fetichismo y democracia

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Uno de los grandes fetiches de las democracias occidentales consiste en hacerle creer al electorado que, en escasos segundos, los candidatos pueden resolver adecuadamente complejos problemas de política pública.

Dicha creencia aún debe ser demasiado conveniente pues, de lo contrario, no comprendo de dónde surgió la enorme expectativa que generó este primer debate presidencial en la generación de electores más jóvenes de México. Más allá de la enternecedora inocencia de los primeros votantes, que han visto el país desde el algoritmo de sus redes sociales, el interés rápidamente se diluyó una vez que los candidatos hicieron uso de la palabra.

¿En verdad en México no hemos aprendido nada, en materia de marketing político, del formato de los debates presidenciales que se celebran en la Unión Americana? Si contamos desde el primer ejercicio presidencial de 1994, transmitido desde el Museo de la Comisión Federal de Electricidad, hasta este 2024 montado en la sala del Consejo General del INE: llevamos treinta años sin careos directos entre los candidatos, sin la oportunidad de que los moderadores intervengan para confrontar a los exponentes o sin que puedan corregirles las planas en caso de desvío propagandístico en sus respuestas, mucho menos sin la intervención directa de una audiencia preseleccionada.

Nuestros debates persisten tan obsoletos como en 1994, pero con mejores cámaras. Están diseñados para reproducir la propaganda de los candidatos y, en todo caso, para generar memes incapaces de cambiar las tendencias electorales. Y a las pruebas me remito:

¿En verdad Xóchitl Gálvez cree que podrá convencer a sus electores, que han tenido que soportar las infamias del IMSS-Bienestar, que con una tarjeta de saldo desconocido es posible revertir la crisis más profunda que ha enfrentado el sistema de salud en México?

O mejor aún, ¿acaso los adultos mayores que piensan votar por Claudia Sheinbaum, están convencidos de que abriendo más espacios a los jóvenes para estudiar Medicina se resolverá el déficit de profesionales de la salud que atraviesa el sector público? Para cuando estos virtuales estudiantes estén cursando su especialidad, esa masa de electores habrá fallecido o estará comprometiendo su patrimonio para ser atendidos en un hospital privado.

En suma si algo ha contribuido a banalizar, fetichizar la tarea del buen gobierno en México, es sin duda la tarima televisiva que de manera atrevida llamamos “debates presidenciales”.