WTF con las encuestas

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¿Qué tan en serio debemos tomar una encuesta levantada en 1000 hogares, ubicados en 100 secciones electorales, publicada esta semana en El Universal y confeccionada por Buendía & Márquez? Su grado de fiabilidad dependerá del criterio de selección de las secciones en cuestión, pues si la metodología no incluyó los datos disponibles en los censos económicos del Inegi, y sólo se basó –como finalmente ocurrió– en una técnica probabilística para la asignación de los hogares donde se aplicó el cuestionario, resulta altamente probable que el estudio termine por sobrerrepresentar la intención del voto de los sectores con ingresos más bajos que, a causa de una educación precarizada y una alta dependencia de los programas sociales, suelen ser rabiosamente morenistas.

En ese sentido, ¿nos encontramos ante una razón suficiente como para desestimar una ventaja de 23 puntos a favor de Claudia Sheinbaum que recoge la encuesta de Buendía & Márquez? Tan peligroso resultaría desacreditar los números como creer en ellos a fe ciega.

Y aunque efectivamente, no hay un solo estudio demoscópico que le dé una clara ventaja, aunque sea mínima, a la coalición encabezada por Xóchitl Gálvez; todavía es muy temprano para aventurar resultados, pues hace un trimestre, según el reporte de Buendía & Márquez: la distancia entre primera y segunda fuerza era de 30 –no de 23– puntos.

Me parece que nuestras sospechas siempre fueron ciertas. Desde el segundo semestre del año pasado la doctora Sheinbaum llegó al tope de su preferencia electoral efectiva, mientras que la candidata del PRIAN está remontando su intención del voto.

¿A qué obedecerá que AMLO le entregue la banda presidencial a Gálvez con el mejor de sus huipiles puesto? Únicamente a dos factores: uno, que Xóchitl logre desbordar la participación electoral, arriba del 65 por ciento del listado nominal, al grado de superar el acarreo morenista –entre 18 y 30 millones- con votos de ciudadanos libres, no condicionados por la miseria, e indignados por la decadencia nacional; dos, que Morena se equivoque fatalmente en la designación de candidaturas estratégicas –diputados federales y presidentes municipales-, que le dificulten la movilización el día de la jornada electoral.

Pase lo que pase, la única certeza en la chistera de las encuestas es que el botín es tan grande que ni siquiera Morena podrá llevárselo completo, pues ya se vislumbra la certeza de una cámara de gobierno dividido en San Lázaro para el próximo sexenio.

P.D. Evidentemente la DEA, ProPublica y el New York Times también juegan. ¿Hasta dónde la indignación de la sociedad civil, a causa de la supuesta trama del “Narcopresidente”, desbordará la participación ciudadana el primer domingo de junio ayudando a Xóchitl Gálvez en sus aspiraciones presidenciales? Es decir, ¿en qué proporción se contraería el 59 por ciento de preferencia electiva que hoy tiene Sheinbaum, según Buendía & Márquez, si 8 de cada 10 electores decidieran ejercer su sufragio y corregir el “el rumbo de la historia”? Irremediablemente lo sabremos.

Por Enrique Huerta