Ser presidenta, pero con un congreso sin mayoría

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La pregunta es simple: ¿cómo es posible que el 53.5 por ciento de aprobación, de la que hoy goza López Obrador –según Mitofsky–, no le alcance al presidente para que Morena mantenga la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados en la conformación de la próxima legislatura?

Quizá tengamos que hacer un par de escalas antes de resolver el problema. En primera, si usted a poco más de 20 días de la jornada electoral sigue creyendo que Guadalupe Taddei, consejera presidenta del INE, saldrá a las 23 horas del próximo 2 de junio a decir, en cadena nacional, que Claudia Sheinbaum triunfó por 30 o 20 puntos de ventaja; mi iluso lector, debo advertirle que está a punto de llevarse la gran sorpresa de su vida: la distancia será corta, y si existe la suficiente indignación en las urnas no solo tendremos la tasa de participación más alta en la historia electoral de México –arriba del 73 por ciento–, también un empate técnico que sacudirá la estructura morenista hasta su último tornillo.

No es producto de la causalidad –segunda escala– que López Obrador esté preparando a su feligresía para “la noche triste” en la Ciudad de México. La misma plaza donde Claudia Sheinbaum dio “tan extraordinarios estándares de calidad gubernamental” que, durante los comicios de 2021, la ex jefa de Gobierno acabó con el bastión morenista a tal grado que Martí Batres está a punto de entregarle la capital a Santiago Taboada. De lo contrario, cómo podría entenderse el tono de las siguientes declaraciones:

«Resulta también que aquí –en la Ciudad de México– es donde hay más clase media, porque qué bien que la gente aquí tiene más posibilidades de ingresos, aquí se ha combatido mucho la pobreza, entonces hay sectores, no toda la clase media, que son muy conservadores y aspiracionistas, y también, pues es la sede de los fifís. Pero hay otro elemento a considerar, más que aquí está todo lo que tiene que ver con la información, aquí la gente por necesidad tiene que pasar mucho tiempo en un vehículo hasta en el público y ahí va el radio, en los taxis, los carros y todos los noticieros, todos en contra».

Por enésima ocasión el presidente López Obrador confirmó, con palabras más educadas, lo que en otras ocasiones ha dicho sin el menor recato: «Morena obtiene sus votos de la gente más ignorante, entre más analfabetismo, más apoyo a Morena». Ahora comprenderá usted por qué se ha convertido en toda una razón de Estado para la 4T destrozar el sistema educativo: intercambiando conocimientos científicos por “los saberes” tan ancestrales como inútiles de la Nueva Escuela Mexicana.

Pero retomemos la pregunta inicial: ¿por qué la inmensa popularidad del Jefe Máximo de la 4T no le alcanzó en 2021 y tampoco le alcanzará este 2024 para generar mayorías calificadas en San Lázaro? La teoría política resulta reveladora: «en los sistemas presidenciales las elecciones intermedias –parafraseando a Juan Linz– actúan como un plebiscito negativo a la gestión del Ejecutivo». Lo que quiere decir que no estamos frente al final de un sexenio, sino ante la continuidad del mismo vía interpósita persona. Los contribuyentes, no el club de Toby de los cajeros del bienestar, lo sabemos de sobra y bajo ninguna circunstancia entregaremos al futuro inquilino de Palenque –que pronto estrenará un teléfono rojo enlazado a Palacio Nacional– ni la Constitución, ni el Congreso de la Unión.

Nos vemos en las urnas.