Mean Girls

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«A ver Claudia (Sheinbaum), si ya te dieron permiso, te reto a un debate este miércoles o jueves para hablar de seguridad, salud y corrupción. Estoy segura que a los mexicanos les encantaría y a mí también. Sería padrísimo, ¿no?»
Xóchitl Gálvez.

Esta semana estuvo candente en materia política. La expresión con la que decidí abrir la columna fue parte de un diálogo no frontal, pero directo entre la candidata presidencial del bloque opositor y la doctora Claudia Sheinbaum, increíblemente originado en torno a la persona de Genaro García Luna.

¿Quién en su sano juicio, teniendo a Omar García Harfuch entre sus muy cercanos –un acólito del ‘súper policía’ de Felipe Calderón– se le ocurre aventar semejante petardo, predispuesto no sólo a chamuscarse sino a revertirse rápidamente? Ojalá y Morena haya aprendido la lección: las estratagemas discursivas de ‘La Mañanera’ pueden ser devastadoras para cualquiera que no se llame Andrés Manuel López Obrador.

Xóchitl Gálvez no dejó pasar el acto de inocencia de su adversaria, y a Claudia no le quedó más remedio que recular en su ofensiva con el sobrado encanto que le caracteriza: «no por mucho madrugar amanece más temprano y no por mucho provocar se crece en las encuestas», declaró ante los compañeros de la prensa.

Obviemos el hecho de que quien abrió la conversación fue Sheinbaum, pasemos por alto que la ex Jefa de Gobierno de la Ciudad de México lleva más de dos años “madrugando” en el proselitismo más intenso que ha visto una campaña presidencial en México. Enfoquémonos en el contexto:

Claudia, la candidata que según todas las encuestas lleva 20 –y algunas dicen que hasta 30– puntos de ventaja, para encarar a Xóchitl Gálvez necesitó de la ayuda de su tropa, no sólo de la defensa de AMLO, sino hasta de Gerardo Fernández Noroña que tuvo que salir al ruedo asegurando que «la candidata del ‘frente guango de derecha’ anda retando a debate a una gigante como Claudia Sheinbaum Pardo, no le llega ni a los talones».

Más allá de la evidente violencia política en razón de género en la que un vocero de cuestionada autoridad moral está incurriendo; algo no cuadra en toda la historia: ¿qué necesidad tenía Sheinbaum de abrir la conversación con un rival tan débil, si les hacemos caso a las encuestas? Y más aún, ¿por qué la candidata que tiene el respaldo ciego de todos los gobernadores, diputados y senadores de la transformación, necesitó de sus corifeos para contestar la simple invitación, tan democrática como legítima, de debatir en torno al proyecto de gobierno que cada una representa?

Xóchitl, por su parte, disfrutando de un delicioso pejelagarto en Tabasco, finalmente encontró su área de oportunidad: confrontar a Claudia, trolearla hasta quebrarla emocionalmente, convertirse en una ‘chica pesada’ para mostrar la extrema vulnerabilidad de su adversario.

¿Le alcanzará con eso para ganar la Presidencia de México?

Haga usted sus apuestas.