La sonrisa de don Porfirio

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«Cuando el hombre llegó a la luna, la mayoría de los comentaristas de radio y de televisión dijeron casi al mismo tiempo: detengan su reloj, con la idea de que ese momento se guardara para siempre en la historia. Yo me atrevería a decir lo mismo del día de hoy, 15 de diciembre del 2023, detengan su reloj y guarden esta fecha»

Maite Ramos Gómez, Directora de Alstom México

Una de tantas obsesiones presidenciales quedó parcialmente colmada este fin de semana con el arranque de la vida comercial del Tren Maya: el tramo que va de San Francisco-Campeche al aeropuerto de Cancún, gracias a cientos de asignaciones directas y 400 mil millones de pesos de inversión pública.

Con sobrada razón todo era orgullo y prejuicio en las huestes del oficialismo. ‘Y es de que’ Andrés Manuel López Obrador, como don Porfirio hace más de un siglo, llevó la península a los albores del siglo XXI. Al menos ese era el tono del electorado duro de Morena que jamás se ha hospedado en La Riviera Maya; para ellos la educación positivista de Justo Sierra aún goza de buena salud, pues a juzgar por los aplausos, el progreso y la ganancia deben prevalecer sobre el equilibrio ecológico de la selva, sobre el patrimonio de los pueblos originarios y sobre los vestigios arqueológicos. No por nada hasta Tatiana Clouthier, que hoy es parte del equipo de campaña de Claudia Sheinbaum, retomó la efervescencia de Maite Ramos al asegurar que la mentada fecha: «quedará para la historia como la llegada a la luna».

Tristemente muy poco les duró el orgullo, como si se tratara de una maldición que acompaña a la 4T en todo lo que emprende: la realidad se abrió camino con la fuerza del escarnio. ‘Y es de que’ un menú que pareciera diseñado por un alumno disléxico de secundaria, repleto de comida que siempre se sirve congelada, fue una simple anécdota frente al resto de la catástrofe.

Para viajar en el Tren Maya, de San Francisco-Campeche al aeropuerto de Cancún, los usuarios deben disponer de 9 horas y media en virtud de dos razones centrales: la primera era previsible y tiene que ver con que en algunos tramos la locomotora, todavía impulsada por diesel como si se tratara de una obra del sexenio de Luis Echeverría, no supera los 45 km por hora a causa de la cimentación del terreno –no olvidemos que en algunas partes se montaron los rieles en inmediaciones de cenotes–, alcanzando una velocidad máxima de 110 km; la segunda es de antología, y se debe a que los cambios en las vías, lejos de ser automatizados, son manuales como en tiempos de Pancho Villa.

¿En cuántos años los contribuyentes, a costo de mil 800 pesos el boleto, recuperaremos la inversión de los 400 mil millones de pesos? ¿Acabará el Tren Maya con la desigualdad en una región donde el 40 por ciento de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza? ¿En cuántos meses ‘el juguetito’ del sexenio generará utilidades en vez de recibir inyecciones de Hacienda como hasta ahora el Aeropuerto Felipe Ángeles?

Ahora dígame usted si todo el cuadro no fue digno de la sonrisa –por no decir la carcajada– de don Porfirio…

Por Enrique Huerta