La industria automotriz mundial atraviesa una transformación profunda en China, un mercado que durante décadas representó grandes probabilidades de éxito para los fabricantes extranjeros y que hoy se ha convertido en un “campo minado” para las marcas tradicionales. El caso de Stellantis, el conglomerado con más marcas del mundo, terminó en quiebra dentro del país asiático tras varios años de caída en ventas.
Mitsubishi, con más de dos décadas de operaciones en China, también decidió salir del mercado. La marca japonesa había alcanzado su punto más alto en 2012 gracias a una alianza con GAC, con la que llegó a vender más de 144 mil vehículos anuales, principalmente el modelo Outlander. Sin embargo, ni ese éxito fue suficiente para resistir el cambio en las preferencias del consumidor local, que cada vez elige más vehículos desarrollados por empresas nacionales.
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Cierres y caídas en marcas tradicionales
Volkswagen, que construyó buena parte de su crecimiento global gracias a China, cerró la planta de Nanjing que operaba desde 2008 junto con SAIC Motor, donde se ensamblaban versiones del Passat y varios modelos de Skoda adaptados al mercado local.
Porsche tampoco escapa a la tendencia: sus ventas cayeron 28 por ciento, ya que el segmento de lujo ahora compite con propuestas chinas cada vez más sofisticadas y con precios más competitivos.
La comparación entre Tesla y BYD también refleja el cambio: el fabricante estadounidense registró un crecimiento anual de apenas 0.8 por ciento, mientras que BYD alcanzó cerca de 11 por ciento y además impulsa infraestructura de carga con velocidades superiores a las de Tesla dentro del país.
La competencia ya no gira únicamente alrededor del automóvil, sino también de tecnología, precio, servicios y velocidad de adaptación al consumidor chino.

Editor: Juan David Moreno Saldaña






